La cruda realidad.
Hoy me ha pasado algo que al final tenía que suceder. No voy ni siquiera a intentar redactarlo correctamente porque la experiencia es tan dura que no se puede describir.
Y no la mía sino de una mujer que está sufriendo las verdaderas consecuencias de la situación en la que estamos. Aquella que o desconocemos o nos resistimos a imaginar.
He salido de la oficina y en la puerta una señora de unos 50 años le pedía algo de comer a un ¿caballero de buen parecer? y este le ha contestado literalmente:
- Si quieres algo de comer ya sabes como puedes conseguirlo.
Sinceramente he dudado entre agredirlo o insultarlo pero al final he preferido ayudarla porque bastante tiene él con lo suyo.
Le he dicho que íbamos a una panadería a por pan porque llevaba prisa pero en el camino me he dado cuenta de que además del pan tal vez, sólo tal vez, podía aportar algo más.
La cabeza me daba mil vueltas, ¿me estaría tomando el pelo?, ¿estaba haciendo lo correcto?, ¿lo hago por compasión, por sentimiento de culpa o porqué narices lo hago?, ¿estoy descentrando mis prioridades?,…
Al final le he dicho que íbamos al supermercado, porque si tomas una decisión y haces algo debe ser efectivo y no se trataba de pan sino de algo tan básico como comer. Y con ella detrás sollozando hemos hecho la compra para dos días. Con alimentos básicos, pero para dos días, porque me ha contado que la asistenta social no podía recibirla hasta entonces ya que estaba colapsada.
Y cuesta hacer algo y que alguien con semejante tristeza te siga mientras la ayudas. Me sentía más rabioso que triste, por no poder solucionar el llanto que por cualquier otra cosa. No podemos sentirnos débiles, no nos lo podemos permitir con este panorama.
Sólo acertaba a decir – “tranquila”- incluso me he planteado decirle que tenía que luchar pero me parecían palabras banales ante semejante desastre.
De pronto se ha echado a llorar porque sentía miedo.
- Es triste tener hambre y tener que pedir, he limpiado y cuidado niños, era feliz pero ahora tengo miedo, porque es la primera noche que voy a tenr que dormir en un banco y después de lo que me han dicho no se lo que me puede pasar.
Ver al alguien que te dice eso llorando y temblando será difícil de olvidar.
En ese momento he preferido no saber más. ¿Porqué?. Que cada uno piense lo que quiera porque seguro que lo hace bajo su punto de vista y ese es el que importa.
Al final hemos hecho una misera compra de dos euros para dos días y se la he pagado, los dos restantes para el pan de mañana. Y la cajera que ha debido darse cuenta de la situación nos ha “perdonado” los cuatro céntimos que no llevaba sueltos. Esa es la verdadera actitud, la de los que en silencio ayudan sin dudar.
Me he ido al notario y al banco a realizar mis gestiones, ya ves que huecas suenan estas palabras ahora. Y poco después he vuelto a pasar por un pasaje que estaba al lado y la he visto haciéndose un bocadillo con lo que habíamos comprado. Esta vez la he esquivado porque no me sentía con fuerzas, y me he sentido indecente, impotente y agresivo al mismo tiempo.
Demasiados sentimientos a los que no deberíamos renunciar porque en ellos está nuestra esencia.
Sólo digo una cosa. Señoras y señores en nuestras manos está rectificar esta situación hagámoslo pronto, porque cada día se degrada más.